Todo comenzó un 25 de noviembre de 1497. El navío de Vasco da Gama bordeaba el sur del continente africano. Ese día, la tripulación se estacionó cerca de lo que hoy es Mossel Bay, Sudáfrica, y con sorpresa descubrieron unas aves nunca vistas por ojos europeos. En su diario, un tripulante anotó: “…hay aves tan grandes como patos, pero no pueden volar…y rebuznan como asnos.” Hay quien dice que en realidad fueron los tripulantes de la expedición de Bartolomeu Dias de Novaes los primeros en observar pingüinos, entre 1487 y 1488.

Más de 4 siglos después, en 1838, el diario del navegante anónimo fue publicado, y entonces se supo que ese hombre pudo haber sido uno de los primeros hombres no nativos en observar pingüinos. ¿De qué especie? No hay certeza, pero es muy probable que se tratara de pingüinos africanos (Spheniscus demersus), que aún hoy viven en la zona. Sin embargo, antes del siglo XIX era más conocida la narración que Antonio Pigafetta hizo en su diario. En la entrada del 27 de enero de 1520, el tripulante del navío encabezado por Fernando de Magallanes anotó la observación de unas aves grandes, a las que llamó gansos.

“…hay aves tan grandes como patos, pero no pueden volar…y rebuznan como asnos.”
Estos interesantes animales eran pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus), nombrados así en honor del navegante portugués. “…encontramos dos islas llenas de gansos, ansarones y lobos marinos, de los cuales los gansos eran tantos que no podían ser contados; llenamos las cinco naves con ellos durante una hora. Estos gansos son de color negro, y ellos tienen plumas en todo el cuerpo del mismo tamaño y forma; no vuelan y viven a base de pescado, y son tan gordos que no se les puede desplumar, pero sí quitarles la piel. Ellos tienen picos como los de un cuervo.”

Durante millones de años, los pingüinos fueron criaturas prácticamente desconocidas. Quizá los nativos del hemisferio sur ya estaban acostumbrados a ver pingüinos, pero no puede saberse con exactitud. Lo cierto es que los europeos fueron los primeros en documentar la visión de esas aves, de las cuales sus características físicas les parecieron extrañas. Por su plumaje blanco y negro y su incapacidad para volar, las compararon con las alcas gigantes (Pinguinus impennis), que en ese tiempo eran llamadas “pingüinos”. Poco a poco, estas alcas fueron extinguiéndose y los gansos se ganaron el nombre de pingüinos.

Durante los siglos siguientes, más especies de esfeniciformes se descubrían y se añadían al menú de los marineros para soportar los largos tiempos en altamar. Su grasa, sus plumas, sus huesos, sus huevos y su piel comenzaron a usarse, primero para subsistir y luego para comerciar. El negocio del aceite de pingüino prosperó, y al mismo tiempo, el número de pingüinos. Estos, casi desprovistos de depredadores en tierra, curiosos y sin miedo a los humanos, eran blancos comunes y presas fáciles de capturar.

A medida que las exploraciones descubrían más tierras al sur, más pingüinos eran encontrados. Los hombres comenzaron a investigarlos. El explorador francés Jules Dumont d’Urville descubrió a los pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) en 1840, los pingüinos de las Snares (Eudyptes robustus) fueron encontrados en 1874, y los pingüinos papúa (Pygoscelis papua) tuvieron su primera descripción científica en 1781, de la pluma de Johann Reinhold Forster. Se desenterraron fósiles, y comenzó a estudiarse científicamente la evolución, la reproducción, el comportamiento y demás hábitos naturales de los pingüinos.

Con el inicio del siglo XX, los naturalistas ya se habían dado cuenta del gran problema que la explotación de los pingüinos estaba causando, y algunos comenzaron a declararse en contra de su caza. No obstante, y a pesar de que su carne no es la más sabrosa del mundo, siguió siendo consumida. En 1902 el geólogo Otto Nordenskjold ofreció una fiesta en el este de la Península Antártica, en donde se sirvieron diversos platillos elaborados con carne de pingüino.

El Dr. William Sladen fue pionero en la investigación científica de pingüinos de Adelia, y Lancelot Richdale en la de los pingüinos de ojo amarillo (Megadyptes antipodes). De ser simplemente objeto de caza, comenzaban a ser objeto de investigaciones científicas. Además, empezaron a ser mejor conocidos gracias a su aparición en libros, películas y programas de televisión. Hoy en día, ¡los pingüinos son animales muy populares!

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